El cine y la ciudad. NYC.

Hay ciudades que conocemos como si las hubiéramos visitado mil veces. O eso pensamos. Hay calles, avenidas, parques, que creemos haber recorrido de punta a punta. Edificios que podríamos dibujar con los ojos cerrados. Sirenas, atascos y sonidos que nos suenan casi familiares. Mapas de barrios, rincones, ríos, que podríamos trazar directamente de memoria. Paseos que creemos haber dado. Frases que asociamos a lugares que no hemos visitado. Músicas que nos recuerdan a paisajes que no hemos disfrutado en vivo. Tantas y tantas.

La cámara y la escritura de Woody Allen, la luz de Gordon Willis y la música de Gershwin, componen un fresco de Nueva York de apenas 4 minutos que condensa una ciudad entera, que captan el espíritu de Manhattan, su realidad y su mito. Y que disfrutamos con gozo, pensando que, de un modo u otro, casi todos somos algo neoyorquinos.

Volver a Soane

Siempre hay que volver a estudiar a John Soane. Y a visitarle en su templo, su casa. Sus espacios son tan modernos que parece que no pudieron ser proyectados en ese momento; y son tan antiguos que parecen acumular más años de los que tienen. Son atemporales porque conectan con siglos adelante y hacia atrás. 

La visita a su casa sigue siendo sorprendente y desconcertante y deja más preguntas que respuestas. El misterio, incluso la broma, como ingrediente del espacio, tan olvidado hoy, se magnifica aquí. Hay algo críptico en esta casa, que no se puede terminar de resolver y que es lo que multiplica el efecto por mil. Su texto "Crude Hints towards an history of my house in Lincoln's Inn Fileds", donde imaginaba su casa como una ruina, como las ruinas romanas y mediterráneas que él visitaba, visitada por las generaciones venideras mientras especulaban sobre su construcción y sus usos, es particularmente extraño, desconcertante, y, de alguna manera, profético. Cuando se pasea por su casa, de algún modo, es imposible no especular e imaginar, ir dibujando mapas mentales y planos imaginarios de la vivienda

La actitud curiosa de Soane, su coleccionismo de Historia y de historias, voraz e insaciable, siempre ilumina. Cualquier situación de arquitectura alumbrada por esa curiosidad sin tregua se enriquece. Un arquitecto mirando hacia atrás para proyectar hacia adelante.

Arquitectura en Doñana


Doñana es un laboratorio. También arquitectónico. Más allá de lo evidente en cuanto a Ciencias Naturales e investigación, en Doñana se puede ensayar cómo el hombre y el medio pueden relacionarse a través de sus construcciones de una manera eficiente, incluso ejemplar. Los edificios de Doñana son testigos del paso del hombre por estas tierras y cuentan ,de una manera silenciosa, como el hombre y un medio natural tan singular pueden convivir y sobrevivir. Sus relaciones y su intensa historia común, como aprendizaje para pensar en un futuro igualmente en común, son un campo de investigación inagotable e intenso. Y en ello andamos.



Intervención en las Jornadas de Investigación sobre la Conservación de Doñana. EBD-CSIC, celebradas en Sevilla en Febrero de 2014.
Conservación, gestión y aprovechamientos de Doñana. José María Rincón Calderón. Universidad de Sevilla. Las edificaciones en Doñana: estrategias de eficiencia

Arquitectura sólida


Lo sólido no siempre tiene que ver con lo robusto. Puede que lo que aporte solidez no sea algo visible, tangible, medible o pesable. Ni tenga que ver con lo que se percibe a primera vista. Puede que el situarse en un lugar, de manera consciente, asumiendo sus ventajas y sus desventajas, aprovechándote de las primeras y minimizando las segunda; puede que el comprender un lugar en lo físico y en lo geográfico, pero también en sus historias acumuladas y en el rastreo de su pasado, y proyectar en consecuencia, sea la manera de construir un edificio más sólido.

Sigo recuperando e investigando asuntos acerca de la arquitectura vernácula y me encontré hace poco con este texto de Antonio Muñoz Molina en su imprescindible ensayo "Todo lo que era sólido" (Seix Barral, 2013): "En los años de más obsesión por la memoria histórica se estaba lobotomizando la memoria visual de los paisajes españoles, la más frágil de todas, la memoria no de los monumentos aislados sino de la arquitectura popular, la prosa de la vida, la herencia de siglos de adaptación sabia y obstinada a las condiciones casi siempre ingratas, la continuidad orgánica entre los paisajes naturales, la agricultura, la edificación, esa belleza austera que uno solía encontrar en casi cualquier sitio de España, y que no tendría que haber sido incompatible ni con el desarrollo ni con el derecho de las personas a mejorar las condiciones de sus vidas".

Hacerse mayor

Louis Kahn, con 50 años de edad y muchos de profesión, decide parar, repensar su arquitectura, pasa un año en Roma y cambia su forma de proyectar. 

Me viene ocurriendo. A otra escala, desde luego, pero mi caída del caballo fue monumental. De repente, me veo estudiando a Kahn, a Palladio, a Soane, a Scarpa, a Venturi.....y a todos los arquitectos barrocos y renacentistas. Tiene que ver, por supuesto, con un cierto desencanto de lo vivido, de lo deslumbrante, de los flashes, de no creerme lo fugaz, lo que aparece en una portada de revista o en un blog y cae en el olvido, lo que no eres capaz de distinguir ni diferenciar pasado unos meses de una lectura descuidada, lo que no permanece en mi cuaderno personal. Como en otras artes, el tiempo sanciona y marca perspectivas y hace que todo madure y gane peso; distingue lo que merece perdurar de lo que no. Aunque, desde luego, a veces se producen injusticias. 

Pero también tiene que ver con mis intereses: antes me dejaba deslumbrar por materiales,  texturas, imágenes, poses, etc. Ahora como Billy Wilder (cuya receta para una buena película tenía tres ingredientes: un buen guión, un buen guión y un buen guión), pienso que la Arquitectura es espacio, espacio y espacio. Y ahí, estos que estudio son unos maestros. Y por eso permanecen.

Vista de San Pedro en Roma, Luois Kahn, 1928-29

Plano picado

Pocas ciudades contemporáneas resisten una visión desde arriba. Caminando por la ciudadela de Ibiza, la visión hacia el Norte ofrece una imagen contenida y controlada, armónica. Paradójicamente, no hubo nadie que la controlara; su arquitectura es eminentemente vernácula, hecha en gran parte y en origen sin arquitectos. Continué dando la vuelta al recinto amurallado, en un paseo de una belleza que quitaba el aliento, y, al girar hacia el Oeste, apareció la ciudad del siglo XX y XXI; una visión caótica, de apariencia desordenada, incomprensible, ilegible, directamente fea. 


La arquitectura vernácula produce, de una manera natural, lenta y con el paso de las generaciones, visiones e imágenes más ordenadas, más atentas el medio, y, desde luego más bellas. Sus mecanismos, que en estos tiempos estoy estudiando con detenimiento, tienen algo de misterioso, de primitivo, pero también de sabiduría acumulada y de sencillez de planteamientos (si es que puede hablarse de planteamientos en esta arquitectura). Por el contrario, la ciudad del siglo XX, donde han intervenido arquitectos, urbanísticas, políticos y agentes varios con todo tipo de intereses, donde se han sucedido planes, proyectos, exposiciones públicas, debates, etc...deja una herencia triste en la mayoría de nuestros cascos urbanos.

Un amigo norteamericano me decía hace poco que le maravilla la belleza de nuestras ciudades, pero sólo en los cascos históricos convenientemente conservados; el resto de nuestras ciudades le parecían realmente desastrosas. Y tuve que darle la razón.

Un giro inesperado

No me interesó desde siempre. En la Escuela no me lo contaron especialmente bien ni lo iluminaron con un foco especial. Tiene más que ver con mis intereses en los últimos tiempos de desencanto por lo que nos deslumbró, por cómo nos dejamos deslumbrar. Y por interés, por qué no decirlo, por lo que no brilla lo suficiente para deslumbrar, para que nos llame la atención en esta época de neones, publicistas, fotógrafos y edificios con nombres estratégicamente escogidos. La obra de Louis Kahn es tan interesante que uno no sabe por dónde empezar a disfrutar. No he tenido la suerte de visitar ninguna de sus obras construidas, pero tengo la certeza de que el día que pueda visitar, por ejemplo, la Phillips Exeter Academy Library o el Salk Institute, las sensaciones serán muy parecidas a las que tuve en el Panteón de Agrippa o en la Casa de John Soane. Los espacios de Louis Kahn parecen enganchados a espacios antiguos y trascendentales, conectados a ideas más allá de lo material y, simultáneamente, tienen una pureza que remite a lo que debió sentir el primer habitante de una cueva prehistórica. Lo más importante en ellos es la emoción, y todo lo demás está a su servicio.

Desconocía la historia de su vida complicada. Cuando me topé, a través de una charla de TED, con el premiado documental dirigido por su hijo Nathaniel, My Architect, me conmovió. La película, amarga y triste, confronta la obra de un genio con el descuido de su vida, con una familia (o varias) a la que maltrata y hace sufrir. La impotencia de Nathaniel por comprender por qué su padre era un tipo, casi un mito, al que sólo veía de tarde en tarde, y que siempre hacía promesas que no podía cumplir, está contada de una manera tan emocionante como las obras de Kahn. Y eso es extraño y contradictorio. Pero también es muy honesto: al final de la película, como su hijo, el espectador adora y aborrece a Kahn a partes iguales. La misteriosa materia de la que están hechas las emociones, sean del tipo que sean, siempre es la más compleja.

La ciudad acabada

Visité Palma de Mallorca no hace mucho. La intervención en el Paseo de Ronda, de Martínez-Lapeña y Elías Torres (recuerdos de años de escuela y revistas de aquella época), tan anclada en la raíz del lugar, tan atenta al sitio y a su historia, tan culta, disfrutable y abierta, es un buen ejemplo de cómo se ha intervenido en el casco de Palma en los últimos tiempos. Hasta donde tuve oportunidad de disfrutar en mis paseos por esa zona de la ciudad, todo me pareció natural, nada  destacaba ni gritaba. Y, sin embargo, Palma me pareció abierta y en movimiento permanente, en forma y fondo.

Y me recordó, por contraste, a Sevilla; uno, desde luego, mira con ojos más críticos lo que conoce mejor,  pero pensé que Sevilla es una ciudad tan acabada en su modelo, tan "perfecta", tan ensimismada en sus formas, que no admite con facilidad nuevas imágenes. Algo así como un organismo vivo que no asimila bien las nuevas inserciones, que detecta el cuerpo extraño y lo termina expulsando, como una respuesta automática. Quizás esté equivocado y, simplemente, es que no hemos tenido demasiada suerte con los arquitectos que han proyectado y construido determinadas intervenciones en la ciudad, o con los políticos y técnicos que las han planificado, o con los momentos en los que se ha decidido actuar....pero siento que hay algo más: es la propia ciudad, tan cerrada y entregada a su propio mito urbano, la que no permite entrar al extraño, acceder a su intocable corazón, ni apresar su espíritu. Es la ciudad, que ha depurado sus formas y ha creado, de manera en parte artificial, una imagen romántica y legendaria; pero también somos los ciudadanos, que hemos construido un imaginario colectivo (no sólo el imaginario local) que ha entendido la ciudad como terminada y redonda. Y así seguimos.

Una ciudad paradigma

Zurich deslumbra. Hace ya meses que la visité y encontré en ella todo lo bueno (mucho) y lo malo (poco) de un modelo de ciudad sostenible que simboliza particularmente bien la ciudad europea histórica. 

 Lo ejemplar, lo que se enuncia en declaraciones y manifiestos, lo que reflejan los estudios sobre sostenibilidad, todo está allí: una eficaz red de transporte, la mezcla de usos, la escala contenida, la vegetación por toda la ciudad, la casi ausencia del coche. Y, ligado a esta apariencia general, una arquitectura de enorme calidad ( ¿acaso puede existir una ciudad sostenible sin una arquitectura de calidad?). Allá donde mires, todo esta bien resuelto, sin alardes, con gusto por el detalle, la funcion, lo bello y lo sobrio y simple. Hay una especie de proporcion suiza cubica a la que se te acostumbra el ojo rápidamente. La arquitectura suiza muestra a veces economia de medios y siempre economia expresiva. Es sobria y seria, como el pais. Es elegante, por supuesto. 

 Lógicamente, como soporte de todo esto, una sociedad con una mentalidad cosmopolita pero sin los vicios de la globalización, y que, bajo una apariencia áspera y recia, esconde un sorprendente optimismo: la vida en los balcones, la vida abierta y sin esconder, sin barreras ni verjas.

Centro de Investigación, Pedagogía y Producción Teatral TNT

Proyecto de Centro de Investigación, Pedagogía y Producción Teatral TNT

Con Leticia Gañán Calvo y Curro Rodríguez Fuentes
Dirección de obra: Juan Ruesga
Enlace relacionado: TNT - Atalaya

NYC



Siempre será el producto de destilación urbano más perfecto y acabado. Un lugar para el experimento (leí Delirious New York, tras años pendiente....), un experimento que funciona,  un territorio que ilustra el triunfo absoluto y arrogante de las ciudades en el Siglo XX, un Aleph, un tiempo y un espacio que se supo aprovechar, un reflejo de todo, un lugar donde todo se encuentra y se cruza, una tierra hecha de materia y de emociones, un espacio donde lo más mínimo suma y construye,  un resumen del mundo, algo único pero total, el lugar en el que todo confluye y nada se para.  

Un tema complejo y, sin embargo, para mí, un sencillo refugio.

Al final de la escapada



Estamos “al final de la escapada”, en el final de un ciclo; la sostenibilidad puede formularse como un problema de solidaridad intergeneracional y, en ese marco contemporáneo, el arquitecto tiene una clara responsabilidad; responsabilidad en lo que ha pasado y en lo que está por venir.


Aljarafe, 2010 – Google Earth
La degeneración urbanística que se ha producido en nuestros territorios, por ejemplo, no habría sido posible sin la colaboración cómplice de los arquitectos. Ciñéndonos a un ámbito cercano, el deterioro del territorio metropolitano de Sevilla, y la generación de una ciudad “hiposignificante” frente a la ciudad histórica, debe convencernos de que no es necesario generar más ciudad en esa línea, de que es mejor “gestionar y no proyectar nada nuevo”. La importación de modos de urbanizar norteamericanos nos ha conducido a un punto casi de no-retorno; en las zonas ya urbanizadas mediante estos modelos, la implementación técnica puede paliar en parte las consecuencias negativas más inmediatas de esta forma de crecimiento descontrolado: nuevos modelos de transporte y comunicación, gestión adecuada del agua, incorporación de energías renovables, reducción de combustibles fósiles…Las implementaciones técnicas pueden tomar un papel dinamizador, incluso colaborador en la toma de conciencia ciudadana, convertirse en una punta de lanza del pensamiento sostenible, que abra camino a formas de repensar y formular nuevos modos de habitar. El arquitecto debe ser un agente al que no le basta con intentar repensar, ayudado por otras disciplinas, una nueva forma de habitar, sino como un actor que aporte y reponga el mal causado; como se indica en “Cradle to cradle” (Michael Braungart y William McDonough), no basta con procurar que nuestros edificios no produzcan CO2: debemos ir un paso más allá e intentar que nuestros edificios fijen CO2. Superando la normativa, con un pensamiento de más largo alcance.

(Reflexiones a partir de las clases del MCAS 2011-2012)

La cruda realidad



The Wire. Acabo de terminar  de ver  la segunda temporada y paso el mono esperando conseguir las temporadas siguientes. Me consuelo viendo videos en Youtube. Tengo que admitir mi conmoción. The Wire lleva la forma de narrar inventada por The Sopranos hasta unos límites cercanos a lo sublime; pero, a diferencia con aquella, aquí no se construye una ficción, sino una realidad; la precisión en los guiones y en la realización está al servicio de mostrar la realidad tal y como es, compleja, múltiple, poliédrica. Todos los puntos de vista son válidos, ninguno prevalece, todos juntos se acercan, como con tímidez, a construir una visión totalizadora del hombre en mundo actual que no se intenta imponer, que se propone como una tesis, demasiado pesimista para ser verdad, pero demasiado bien construida como para no ser aceptada. Las lecturas de The Wire son jugosas en lo social, en lo filosófico, pero también lo cinematográfico, en lo estrictamente artístico (remito a este artículo de Vargas Llosa publicado en El País). Nadie es dueño de su destino, la urdimbre de la sociedad actual es lo suficientemente densa como para no tener control de nuestros propios actos, como para tener miedo permanentemente, hasta perder la confianza en el hombre. Descoloca esta visión tan oscura, deben ser los tiempos que vivimos. 

Sin embargo, la propia materialización de The Wire, devuelve una cierta esperanza. Esto es lo que la televisón y el cine deberían ser. “Fuck the average reader.”