El espacio sagrado moderno y contemporáneo. Santa Rita, Madrid



Por motivos familiares, llevo años visitando con cierta frecuencia la Iglesia de Santa Rita de Madrid, un templo parroquial de los Agustinos Recoletos en la calle Gaztambide. Proyectada por los arquitectos Antonio Vallejo Álvarez y Fernando R. de Dampierre e inaugurada en 1959, desde que la visité por primera vez, la iglesia me atrapó, como arquitecto y como católico.

De la sorpresa y el asombro inicial se pasa a los interrogantes sobre la formalización del espacio, sobre la construcción del templo y, particularmente, sobre su estructura portante. La fuga hacia arriba  es un elemento de composición clásico en la Arquitectura cristiana pero aquí está llevado hasta sus últimas consecuencias, con toda la sección del templo orientada hacia la verticalidad, haciendo fluir el espacio en un movimiento único, concentrado y ascendente. La difícil cuestión de la planta circular - que favorece la identificación de la Asamblea y que tanto se practicó con resultados desigüales después del concilio Vaticano II- y la convivencia de la misma con la clara direccionalidad que supone la orientación hacia el altar, se resuelve aquí de forma ejemplar, trabajando desde la planta y desde la sección del templo al mismo tiempo. En ese sentido, podría verse como un proyecto "anticipado a su época", que se resiste al clásico análisis y representación por plantas y requiere de otros modos de representación espacial para la comprensión de su espacio. Pueden consultarse magníficos artículos y comentarios sobre el proyecto y su proceso de construcción, incluso narrado por los propios arquitectos, aquí, aquí y aquí

Como arquitecto, cada vez que acudo al templo me asalta la curiosidad y me surgen preguntas sobre la construcción, la estructura o la fabulosa integración de la decoración y el uso de la simbología en esta Arquitectura: la composición de los altares y retablos cerámicos, el friso con la corona de espinas, la resolución de la cúpula. Sin embargo, como católico, no tengo dudas; todo es una certeza: el espacio y su concepción me ayudan y predisponen a la oración y a la conexión con Dios y lo trascendente. Todo está dispuesto en la arquitectura al servicio de ese fin principal. Y eso, entre otras cosas, es lo que hace de este proyecto un modelo.

En el Sur en el que habito, el espacio barroco (barroco en su decoración y su epidermis, la mayoría de estos templos del Sur no tienen una concepción espacial barroca) es el que prima en la arquitectura religiosa y en el imaginario popular. Yo, sin embargo, siempre he pensado que los valores arquitectónicos habitualmente asociados a la buena arquitectura moderna y contemporánea (lo sobrio, lo sencillo, lo despojado de detalles superfluos, lo esencial) son valores más cercanos al ideario cristiano y que un espacio con esas características me distrae menos y me conduce más a la oración. En mi caso, desde luego, funciona así. Pero tengo claro que, al menos en eso, pertenezco a una minoría silenciosa.

No hay comentarios: